Triduo a Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas

De la mano de María continúa la Hermandad su camino. Nos congregamos ahora en torno a Ella para venerarla especialmente, para admirarla, para gozar de su persona; de forma comunitaria, eclesial, en la eucaristía.

De nuevo, el presbiterio se transforma en un gran retablo efímero en que se exalta la persona de la Madre de Dios. El exorno del altar de cultos nos introduce en la celebración y nos ayuda a comprender mejor el mensaje evangélico que se nos proclama en cada día del triduo.

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