Vía Crucis Magno De La Fe

ÁNIMAS: SILENCIO Y ORACIÓN PARA UN VÍA CRUCIS

Cuando el otoño está a punto de llamar a nuestras puertas y ya casi finalizando el año Santo de la Fe, que promulgara el Santo Padre Benedicto XVI, la Diócesis de Córdoba, en comunión con la Agrupación de Hermandades y Cofradías, se disponía a celebrar un Vía Crucis Magno.
Entre las Hermandades propuestas para su participación figuraba la del Remedio de Ánimas, que inmediatamente se pronunció afirmativamente y se dispuso desde su Junta de Gobierno a programar todo lo necesario para la realización de tal evento.
La mañana radiante del 14 de septiembre, fiesta de Exaltación de la Santa Cruz, amanecía San Lorenzo con las puertas abiertas y mostrando en el lateral del prebisterio el paso majestuoso del Señor de Animas, no colocado en el centro del mencionado presbiterio como es habitual, para no entorpecer el quehacer diario de la vida parroquial. Se mostraba a la veneración de los fieles sobre un calvario de rocas, y exornado con statis morado, flor de lavanda y cardos cucos, romero e hinojo. Como siempre, todo un símbolo en el que la Hermandad manifiesta la muerte y la vida luchando en un madero.
En la capilla de la Hermandad, y para que se pudiera contemplar y dar a conocer a los visitantes de otras ciudades, aparecía el paso de Nuestra Señora de Madre de Dios en sus Tristezas, que de una forma excepcional enseñoreaba de una manera única el espacio de la capilla de la hermandad, permitiendo a los visitantes no sólo contemplarla sino también poder bordear el paso por los laterales y la trasera. El ambiente de recogimiento de la Señora en la capilla era sobrecogedor.
Muchos fueron los que de Córdoba y de otras ciudades pasaron en la mañana del sábado por San Lorenzo quedando admirados ante la majestuosidad de los pasos.
A las cinco y media en punto se dio comienzo a la celebración de la Eucaristía, que al ser la Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, la Hermandad la tiene instituida por regla, permitiéndose el paso a los hermanos que lo solicitaran.
La Eucaristía se celebró con el recogimiento propio de la Hermandad de Ánimas y fue cantada por el Coro de Hermanas, que al no salir la Santísima Virgen fue su forma de hacerse presente. La presidía nuestro Párroco y Consiliario D. Antonio Gil que, con sus palabras, nos alentó a vivir el ejerció del Vía Crucis sabiendo que hay varios "Vía Crucis" en la vida. Y en esa tarde los habría por Córdoba. Sus palabras fueron alentadoras, pero sobre todo fue un cántico a la tolerancia que el cristiano tiene que asumir corno el primer paso del anuncio de Jesucristo.
Una vez finalizada la Eucaristía el cortejo se puso en marcha. El doblar de las campanas servía de preludio para anunciar que el Señor de San Lorenzo estaba a punto de atravesar la ojiva de la puerta del templo fernandino y erguirse en medio de la plaza como si de un calvario se tratara. Poco a poco, con su paso lento hecho plegaria, con los rosarios desgranados y acompasados lentamente para dar espacio a la meditación de los que procesionamos y de quien nos contemplan meditando en la Pasión del Señor, con el canto del Miserere entonado por el coro de los hermanos de Animas, la Hermandad peregrinaba piadosamente hacia el encuentro con las demás cofradías: la Santa Iglesia Catedral de Córdoba.
La estampa era la misma que cualquier Lunes Santo. Nada había cambiado salvo que la comitiva de acompañamiento del Señor no calzaba zapatillas de esparto y no vestía el austero atuendo de la túnica y capirote negro.
El discurrir por Ronda de Andújar, Alfonso XII, Don Rodrigo, Lineros, Lucano... Calles casi nuevas para la Hermandad de Animas, pero sus parroquianos parecían esperarnos agolpados en las aceras y esquinas rezando con la Hermandad y recordando delante del Señor a sus seres queridos.
Imágenes que se hacen únicas pasando por la Parroquia-Basílica de San Pedro y, frente al insigne imaginero cordobés D. Juan de Mesa, barrio que huele a fe pues dicha Parroquia es la depositaria de la fe de Córdoba en su custodia de nuestros Santos Mártires.
Desde que nos adentramos en la Cruz del Rastro y accedimos a la Ribera el dispositivo de megafonía hacia posibles que escucháramos y participáramos todos los rezo del Vía Crucis. Creó que a mi humilde entender que constituyó el existo más grande de la organización, pues el espíritu del Vía Crucis se vivió por todos los cofrades que acompañaban o presenciaban el discurrir de las comitivas. ¡Que solemnidad en la proclamación de las estaciones!, con los fragmentos de la Sagrada Escritura y las reflexiones totalmente conectadas con la vida; y qué recogimiento con nuestro Pastor y Obispo cerrando cada Estación con su oración cargada de sentimiento y piedad.
Guardo en mi corazón algunos sentimientos de todo lo ocurrido. En la Ribera junto al Río Grande de Córdoba todos nos sentíamos de una misma Hermandad grande, donde todo se facilitaba. Era una verdadera sensación ser todos miembros de una misma asamblea que celebraba la Pasión y Resurrección de Nuestro Señor. En la retina de mis ojos, imágenes inéditas. De entre todas me quedo con la mirada del Señor Caído al pasar junto a mi Crucificado, el estar largo rato junto al Señor de la Coronación del barrio de Zumbacón, el señor que nos precede cada Lunes Santo a su paso por San Lorenzo y, cómo no, el salir de la Santa Iglesia Catedral detrás de la Señora de San Agustín, la Joya de Córdoba, Nuestra Madre de las Angustias Coronada. ¡Cuánto hubiera disfrutado esta tarde-noche nuestro querido hermano Fr. Rafael Cantueso! Y el sentir detrás el andar acompasado de la Reina de los Mártires que trataba de retardar su salida para no entorpecer el rezo de la hermandad. ¡Cuánta grandeza en los momentos sencillos!.
La celebración de nuestra Estación solemne en el altar improvisado de la Puerta del Puente, juntó al Triunfo de San Rafael, señorío cordobés se respiraba en los aledaños de la Catedral con la multitud no contemplando sólo el paso sino participando del acto.
La noche se hace densa y va pesando el cansancio, pero todavía nos quedarían tres momentos importantes: el de la Catedral ,¡Que estampas tan grandiosas con dieciocho Hermandades juntas en el primer Templo cordobés! Tenían a todos los hermanos participantes absortos de la belleza el paso en la Puerta del Perdón o la entrada en el primer Templo de Córdoba.
Las palabras sentidas de nuestro Obispo y sobre todo la Sacramental de la Presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía y su bendición fue como el abrazo de un Dios Padre cercano que siempre está con nosotros y que disipa todos los temores y problemas y nos invita a caminar con las palabras del Papa Francisco sin temores y con esperanza, dispuestos a mostrar a un Cristo Vivo.
El camino de vuelta fue de mucho más silencio y recogimiento si cabe.” De noche iremos, de noche, que para encontrar la FUENTE sólo la SED nos alumbra”. Y de nuevo las campanas de nuestra casa doblando, como recogiendo otra vez la presencia del Señor del Barrio de San Lorenzo.
El día termina y lo hace ya 15 de septiembre: Festividad de Nuestra Madre de los Dolores Gloriosos, postrados a sus plantas y felicitándola con el rezo de la Salve Regina.
Un Vía Crucis para el recuerdo y, para muchos, un día de encuentro con el Señor en la fraternidad de la Córdoba creyente.
Manuel M. ª Aparicio Ramírez
Hermano de la Hermandad de Ánimas

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